0.0001%
Mi experiencia en las cataratas del Niágara, New York
Ese por ciento era lo que mi cerebro intentaba procesar: 0.0001%. Esa es la cantidad de agua que hay en los ríos de este planeta, que deberíamos llamar Planeta Agua. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), hay más agua en la atmósfera de nuestro planeta (0.001%) que en todos los ríos[1].
Y ahí, frente a las cataratas del Niágara, mi cerebro quedó atónito. Mi cuerpo entero vibraba con la misma intensidad con la que caía el agua. Las aguas del caos primordial… esa fue la primera sensación que sentí: caos total. Matemáticamente se puede calcular la fuerza de la caída del agua, el galonaje por segundo, que es de 75,750 gal/sec[2] en esta parte de las cascadas. La Cueva del Viento (“Cave of the Winds”)… ese viento recio
Ahora, días después, puedo procesar un poco esta información, la data científica sobre la impresionante caída de agua. En la parte que forma como una herradura, “Terra Point Horseshoe Falls”, en verano, son 675, 000 gal/sec. ¡Impresionante! Y mi cerebro vuelve a recordar que sólo el 0.0001% del agua del planeta se encuentra en los ríos. El 97% del agua se encuentra en los océanos. Conociendo solo la fuerza de nuestras olas caribeñas, pero siendo testigo de la fuerza de las olas tras tormentas y huracanes, o de la marejada de los muertos cada noviembre.
Estar allí, parada, sintiendo la fuerza del agua caer, esa fuerza pura y cruda de la naturaleza precipitándose en cascada, me dejó sin aliento y solo pude llorar... Llorar de asombro, al sentirme tan sobrecogida ante este milagro de la Creación de Dios. De las pocas veces que puedo decir que la palabra en inglés me gusta más: “overwhelm”. Abrumada, sobrecogida, impresionada: todavía no encuentro las palabras para poder describir lo que allí sentí y viví. Por eso me da trabajo entender a la gente que llega solo pa’ la foto. ¿Cómo es posible que no puedan sentir esa fuerza? ¿Cuándo perdieron la capacidad de asombrarse ante la fuerza de la naturaleza? Y eso que no había llovido tanto en esos días.
Se me hace difícil entender tanta desconexión de la naturaleza, con esa Creación que Dios nos regala para acompañarnos en este suspiro de vida con el que transitamos por esta roca flotante en el espacio infinito. Algún día tu y yo ya no estaremos habitando este lugar, pero allí seguirán fluyendo las aguas, en su precipitosa y ruidosa caída, de las cataratas del Niágara.
Sí, también me acordé de la canción de Juan Luis Guerra, “El Niágara en bicicleta”, y de cómo están las cosas en Puerto Rico. También lloré por esto. Cómo nos quieren hacer pasar el Niágara en bicicleta, esta claque desgobernante que nos arrastra a un precipicio de pobreza, gentrificación, sin servicios esenciales, mientras, desde el privilegio y la indiferencia, dicen estar resolviendo el desastre que ayudaron a construir con su avaricia, maldad, corrupción, linaje de mentiras y pillaje. Debería ser esta, la clase que nos ha desgobernado por tanto tiempo, la que debería estar pasando el Niágara en bicicleta.
Pero el tiempo pasa, el agua sigue fluyendo con fuerza, imparable. Por algo se pueden producir 4 millones de kilovatios de electricidad en estas cascadas[3]. Mientras en Puerto Rico podríamos hacer algo parecido con la luz solar que tenemos durante casi todo el año. Pero el desgobierno le apuesta a la contaminación, a la destrucción, enfermedades y muertes que trae la quema de combustibles fósiles, mal llamado progreso. ¡Desgarrollo! En eso son expertos: en degollarnos, desangrarnos y desgarrarnos para tener un par de pesos en el bolsillo y celebrar al primer trillonario. Vana y ciega es su ambición.
Todavía no entiendo la experiencia del todo. El ruido, el cuerpo vibrando, la fuerza de esa bendita agua que me hizo quedarme sin palabras y llorar de tantas emociones que se me atascaron en el cuerpo y no podían fluir como las cascadas. Seguimos reflexionando y tratando de ver el otro lado del agua. Dejar atrás el caos primordial y ver otra de las razones del agua: ¡Vida! Sí, ese torrente de agua también puede ser las lluvias de gracia…
En esa parte del parque, en la cueva del viento, en esta época del año no huele muy bien. Los acantilados están llenos de gaviotas anidando, polluelos exigiendo su porción de pescado y familias de aves que allí, entre precipicios y torrentes de agua, van dando la bienvenida a la próxima generación de su especie. Apesta a marisquería. Pero el espectáculo de polluelos camuflados entre la tierra y las rocas, el alboroto de las aves adultas regresando al nido con comida o llamando a su pareja y a su prole: ¡más razones para el asombro y la gratitud!
Visitar las cataratas del Niágara ha sido un sueño desde mi niñez. Ver gaviotas y otras aves marinas anidando, eso nunca lo había pensado. Creía que esa iba a ser una experiencia más de los documentales de la naturaleza que tanto me gusta ver. Pero allí estaban, todas estas aves, entre la peste y el alboroto, criando nuevas generaciones y esperanzas. Entonces, así, en esos momentos inesperados, que ni siquiera los había soñado ni considerado posibles, se me aparecen los torrentes de la gracia Divina. Torrentes que están ahí, disponibles para quien los quiera recibir. Pero estamos más pendientes de posar pa’ la foto que de escuchar, sentir, experimentar, recibir y vivir las cascadas de gracia divina de la Creación y de la Divinidad que le creó. Seguimos pensando, vanamente, que somos la corona de la creación, sin darnos cuenta de que le hemos quitado, poco a poco, las joyas a la corona.
Yo no quiero ser corona de la creación. Yo quiero seguir siendo unacriatura de Dios, que recibe inmerecidamente ese torrente de gracia, de vida, de amor, de sanidad, de salvación, de misericordia y de redención. En obediencia y siguiendo Su plan original de que todo sea bueno en gran manera, acepto —con temor y temblor— el rol de cuidadora y cocreadora. No me veo ni me entiendo como menos. Pero tampoco voy a vivir en vanagloria por ser humana. Trato de verme cada día en mi justa medida, como criatura de Dios y no con la soberbia de quienes se creen dueños, señores y dominadores del mundo. Quiero seguir siendo sensible a las diferentes manifestaciones de Dios a través de Su Creación, y para eso también hay que tener humildad. Quiero poder seguir experimentando esta sensación de asombro, de pequeñez, de maravilla ante la grandeza de Dios y de la Creación. Aunque eso signifique tener momentos en que solo pueda llorar y pensar que estoy ante el caos primordial. Quiero vivir bajo el torrente de la gracia divina y dejar que fluya como ríos de agua viva.
[1] https://water.usgs.gov/gotita/waterdistribution.html
[2] https://www.niagarafallsstatepark.com/park-information/amazing-niagara-facts/
[3] ibid
Referencias:
Niagara Falls State Park. “Niagara Falls Facts”https://www.niagarafallsstatepark.com/park-information/amazing-niagara-facts/
Servicio Geológico de Estados Unidos. “La ciencia del agua para escuelas: distribución del agua en la tierra”. https://water.usgs.gov/gotita/waterdistribution.html




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